Algunas preguntas que l@s futur@s lector@s pueden hacerse es: ¿por qué principesa?, ¿de dónde surge esta palabra?, ¿existe en el diccionario?
La traducción de género que parece más natural del título “El Principito” es, técnicamente, “La Princesita”. Pero la perspectiva técnica no siempre coincide con la social y el lenguaje no es ajeno a los matices de los hablantes. Así como principito significa literalmente pequeño príncipe, no ocurre lo mismo con princesita, cuyas connotaciones actualmente están cargadas de estereotipos y su significado va mucho más allá de pequeña princesa. Basta echar un ojo a nuestra colección de películas infantiles o a los estantes de cualquier tienda de juguetes para ver como los conceptos de princesa y princesita modelan los sueños de muchas niñas en determinadas direcciones que conducen a la repetición, generación tras generación, de los mismos roles. Princesita es, sin duda, una de las palabras que más daño ha hecho al desarrollo completo e integral de nuestras niñas.
El lenguaje, como nuestro ejemplo pone de relieve, no es igualitario y es habitual que nuestras palabras masculinas no sean espejos perfectos de su versión femenina, sino que estas últimas suelen ser espejos deformes de las primeras. No siempre vaciamos de significado las palabras: a veces las sobrecargamos de tal manera que algunas deforman su inocencia como es el caso de princesita.
¿Qué hacemos entonces con “El Principito”? Para solucionar tamaña papeleta, hemos escuchado los ecos del tiempo y el vocablo principesa ha acudido en nuestra ayuda. La palabra principesa, con origen en el término francés princesseapareció por primera vez en la RAE en 1803 y su uso ha ido decayendo en los últimos dos siglos, imponiéndose el término princesa, hasta ser una palabra en desuso y prácticamente desconocida. Ahora la hemos rescatado del olvido para relatar las peripecias de una pequeña mujercita que ha viajado desde el asteroide Z-524 hasta la Tierra. Quizás nuestra nueva amiga de cabellos violetas le devuelva su esplendor…